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“Ve a terapia”: 1 forma eficaz buena ondita de mandarte alv

“Ve a terapia”

El nuevo “¿Y si te vas a la mierda, pinche locx?” con incienso y credencial Mi Alegría de psicólogx

Un breve mini ensayo de la problemática del “ve a terapia”, como disfraz de responsabilidad empática.

Canción para acompañar: Sebastián — Rubén Blades (escribí de esta rola en mi Substack)

Tiempo de lectura: 13 minutitos

¿Invitación a spa u orden de arresto?

La frase “ve a terapia” (o su versión más coercitiva “medícate”) se ha convertido en un lugar bastante común en el argot contemporáneo. En su superficie, parece un gesto de preocupación. Pero bajo esa superficie yace un territorio minado de poder, proyección y una violenta simplificación delx otrx.

Imagina esta escena: estás en una discusión acalorada. Tal vez tiraste un comentario “jotkei” (hot take, para quienes no hablan gen Z) en la cena familiar. O quizás te hundiste en lágrimas en el trabajo y tuviste que irte a esconder a los baños por décima vez en este mes. O simplemente le expresaste a una de tus parejas (sí, una, porque se pueden tener varias) —con un gran suspiro que Michael Phelps envidiaría— algo que no te gusta.

De repente, llega la sentencia, cargada de una superioridad moral que bien podría decir tu gurú espiritual favorite de TikTok: “Híjole, estás mal. Ve a terapia; yo creo que te hace falta”.

Es el “Te hace falta Jesús” de lxs pecadorxs.

O es el “Tu energía es bien tóxica y me contamina; ve a que te hagan una limpia o ve a manifestar que alguien apego seguro tralalero tralala te acomode los chakras clean look, mínimo, mi narcisista chad alfa migajero” de la chaviza alto valor tradwife tiktokera iluminada 3000.

Suena bien, ¿no? Suena a que tu ser amado te está cuidando. Suena a que te están lanzando un salvavidas… desinflado, claro. Pero, recapitulemos, en muchos de los casos realmente suena exactamente igual que un “vete mucho a la verga y deja de chingarme la existencia” pero con chanclas Birkenstock, cuencos tibetanos de Temu y un quiz de Buzzfeed en terapia de constelaciones familiares.

Es el perfecto insulto buena ondita: te estoy diciendo que estás locx, pero de una manera que hace que yo quede como un alien compasivo que ha venido a iluminarte el camino al cielo de la gente bien. Es como funarte, pero con gaslighting adornado y vocabulario que usaría Taylor Swift.

En vez de decir “rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho”, digo “me parece que estás proyectando tus heridas de la infancia en mí… shake it off, shake it off”.

10 puntos para el Gryffindor de las mentes estables y 9 puntos para los loquitos del centro.

La locura como desprecio y anhelo

@horduna2606

Que ganas de ser un loquito del centro… 🎶🕺🏻🇲🇽 #felicidad #baile #felicidad #amorproprio #viral_video_tiktok

♬ Tú Con Él – Frankie Ruíz

Por lo menos en México, está muy normalizado el término “loquito del centro”. Es una persona (en el centro de la ciudad) que tiene comportamientos inusuales; el término se usa mucho a broma, sin pensar en sus trasfondos-implicaciones. Y la doble moral con la que se usa.

Por un lado puede ser un insulto y por otro lado esconde un anhelo de romper las cadenas de los mandatos sociales en este panóptico. Nadie desea ser una persona rechazada, decadente, descuidada y humillada, pero a su vez eso puede ser una posibilidad de liberación a tanta apariencia; tanto masking.

Es la lógica del panóptico internalizada: ya no necesitamos una autoridad explícita que nos vigile; somos nosotrxs, en nuestros círculos íntimos, quienes nos señalamos y diagnosticamos unxs a otrxs. Es un arresto metafórico:

detente ahí jochis

“Alto ahí, jochis, estás transgrediendo las normas de la cordura aceptable. Quedas detenidx en tu propia psique hasta que un profesional te devuelva a la normalidad”.

Esta frase es un acto de poder y proyección. Es más fácil proyectar en la otredad la locura, la desmesura, el dolor inmanejable (o en el caso “del loquito del centro”, hasta la euforia sin “responsabilidades”), que reconocer que ese “síntoma” es, como diría Carl Jung, la sombra de la relación, o incluso de la cultura entera. Simplificamos la otredad hasta convertirla en una patología. No “estás sufriendo”, sino “estás mal”.

Y no solo “estás mal”, sino que precisamente tú eres el problema; no yo. No hay espacio para imaginar que no se trata ni de ti, ni de mí, sino de “la locura” que nos relaciona.

Estar loco, loca, loque es jijijí jajajá, hasta que me incomoda lo suficiente.

she is so crazy

Casos como el de Richie O’ Farril me ponen a pensar que las personas toman toman “la salud mental” como un (mal) chiste y a su vez como algo bastante distorsionado de lo que es habitar un bienestar psicoemocional.

En vez de preguntar qué en nuestro sistema social produce “Richies en brotes psicóticos”, preferimos señalarlos y reírnos. El estigma de nombrar a alguien “loco” es la forma más rápida de despojarlo de su humanidad y de eximirnos de nuestra responsabilidad colectiva.

Vianey Pilar y su poema del loco

“Ve a terapia” como analgésico de efecto inmediato

¿Por qué mandarías a alguien a terapia?

Olvida el planteamiento de que si tú vas a terapia o no. ¿Por qué lo harías, bajo un contexto de enviar a alguien a que “mejore” bajo tu idea de mejora y para que no te moleste en lo inmediato? De verdad, creo que es mejor sincerarse y decir “me está molestando esto y no sé cómo lidiar con ello; se necesita apoyo extra”.

Porque muchas personas ven el ir a terapia como si fuera descargar (con el mejor internet del mundo) una app llamada “Bienestar” (no, nada que ver con Morena) y ¡BOOM! listo, estás al mero pedal. Sin necesidad de parches, ni nada. Acabas de convertirte en la persona más zen de tu colonia.

Cuando ir a terapia es más como hornear un pastel sin receta, de distintos sabores, con distintos ingredientes y sin saber si va a tener un sabor rico o si se verá como en el que viste en Instagram. Ir a terapia es un proceso constante. Y es uno que busca recibirnos en presencia, más allá de “arreglarnos”.

Casilda Rodrigañez (jefaza) dice que gran parte de la terapia actual funciona como un analgésico. Es parte de la maquinaria que busca producir sujetos “clean look”: dóciles, funcionales, sin arrugas emocionales, que no griten, no lloren demasiado y, sobre todo, que no perturben el orden establecido. Se promueve una “calma” que no es bienestar, sino anestesia. Zombies en doomscroll virtual y físico.

Porque claro, si apenas y hay tiempo de respirar. ¿Por qué me voy a tomar el tiempo de cuidarte o cuidarnos? No. Necesito que todo esté bonito. Y ahora. Para ayer. Necesito dejar de preguntarme: Velaske, yo soy guapa? Tengo suficiente salud mental? No hay tiempo. No hay deseo. No hay no. Sí a seguir, como sea, con lo que haya y con quienes haya. ¿Me sirves? Adelante. ¿No? Adiós, ve a terapia.

Esto choca frontalmente con lo que la teoría polivagal nos intenta poner en nuestras hermosas caritas acerca del sistema nervioso: la salud no es estar siempre en un estado de calma parasimpática. La salud es la capacidad de movilizarnos (simpático) para defender (abrazar) nuestros límites (horizontes), gritar si es necesario, y luego poder volver a un estado de conexión y reparación. Un bienestar verdadero le da cuerpo al sistema nervioso (cuerpo al cuerpo), no le exige que se siente a meditar mientras la casa se quema.

Que también, ¿cómo sabes cuál es el balance de cada quien? El mío puede que sí sea meditar mientras la casa se quema; ¿ya por eso me vas a decir “ve a terapia”? Ve tú, que para ti “no funciona” y andas ladrándome en la cara, pinche perrevergue.

Aquí entra la superioridad moral-espiritual: la creencia de que estar “calmadx”, ser “consciente” y hablar con vocabulario terapéutico es ser una “mejor persona”. Es la misma superioridad, pero con vestido blanco y piedras de cuarzo de $40,000 pesos. Es la arrogancia de creer que unx ha trascendido lo carnal, cuando en realidad solo las ha reprimido con más herramientas sofisticadas. Las vistes para festival tulluminati (que debe a 55 cuotas en Coppel) para que al regresar a casa no tenga ni qué comer o dónde llorar.

No entiendo, ¿entonces es mi problema?

Ya lo mencionaba arriba. No creo se trate de que si tú o yo. O ellxs, incluso. Es más un nosotrxs.

Siempre es más un nosotrxs.

El “ve a terapia” es el síntoma perfecto de la hiperindividualidad de la que nos habla Byung-Chul Han (palaberga, ya sé que le nombro mucho, pero es que precisamente es NUESTRO PROBLEMA que el buen Byung explica muy bien).

Nos han convencido de que el malestar es un problema de configuración interna (que ajá, sí, pero no), un fallo de fábrica en nuestra psique personal. Si estás agotadx crónicx, es porque no gestionas bien tu tiempo, no meditas lo suficiente o porque no has tomado alguno de mis masajes tántricos (tenía que hacerlo, tenía que hacerlo ajdjadj). Nunca porque vivas en un sistema que explota tu energía vital hasta la última gota de leche.

Voltea a tu alrededor y dime, ¿quién verga no está totalmente exhaustx todo el tiempo?

Aunque estés en la pinche Roma-Condesa o en Times Square, voltea y observa los detalles. Ve más allá de las máscaras.

Mandamos a una persona a terapia como si su dolor no fuera también el síntoma de un tejido social roto, de una superestructura enferma. El problema nunca es el capitalismo tardío, la precariedad existencial o el colapso ecológico; el problema es que “tú no tienes la resiliencia suficiente” (almohadazo a quien diga resilencia cerca de mí).

Es migajas de supuesto bienestar a cambio de no cuestionar la estructura que nos está matando. Nos estamos matando, porque al final de cuenta somos la estructura.

Para mí es un camino de dos (o más) vías bidireccionales. Si bien sí, claro que necesitamos atención y pulsos individuales, a su vez lo colectivo; es una extensión. No podemos (bueno, sí podemos y por eso andamos como estamos) separar. Necesitamos más de NOSOTRXS.

Para ponerle cereza al pastel, existe la superioridad moral académica. La psicología clínica, en su dogmatismo, a menudo desprecia (y se surra encima alzando el dedo meñique) otras formas de “sanación” (almohadazo también para quien hable de sanar; me molesto con esa plabra): el arte, el ejercicio, el ritual, el activismo político, etc., como acto terapéutico.

Ya sabes: “La Academia” y “La Ciencia” por encima de todo.

Se asume que hay un molde, un protocolo, un “una talla única para todxs”. Pero la realidad es que no hay una sola terapia, ni mucho menos unx solo terapeuta. Lo que es terapéutico para unx puede ser la escritura, para otrx una orgía culinaria, y para otrx, simplemente, encontrar una comunidad que no le pida que esté bien.

comrade its capitalism

Aquí es donde Tantra apelo

¿Para qué mandarías a alguien a terapia? Vuelvo a preguntar.

A mí una vez me mandaron a terapia. Bueno, varias veces, pero hubo una en especial que sentí mucho dolor. Perdí (o cerré) varias amistades (o relaciones). Sentí castigo y juicio, por compartir de forma totalmente inocente un punto de vista en un espacio que yo consideraba seguro y amable.

“Atiéndete, estás de la verga” —me dijeron y funaron.

Tan mal me sentí que literal lo primero que hice (aparte de llorar y quedarme en shock) fue hablarle a mi psicóloga para hablar de ello. ¿Qué me dijo? Pues no te diré, pinche chismosx, pero sí te puedodeseo decir que “yo no estaba mal”… o ellxs. Y tardé bastante tiempo en integrarlo. Quizás sigo integrándolo. Esa sensación de destierro, humillación y violencia.

(EDIT: Yo creo que todxs necesitamos un espacio especializado en sostén-acompañamiento que nos sea accesible, amable, sensible y divertido; no solo para “nuestros problemas”, sino también como apapacho-impulso).

Desde entonces me cuestiono muy seguido qué tanto y cómo integro las relaciones incómodas.

Precisamente el tantra no busca expulsar lo “loco”, lo “oscuro”, lo “desechable”. Al contrario, lo integra. Lo abraza (con brazos y piernas). Lo ve como parte de la totalidad divina. Donde la lógica del “ve a terapia” quiere segregar, el tantra desea unir. Lo que señalas, te señala de vuelta.

El tantra no te pide que “vayas a terapia” para arreglarte y volver aceptable. Te invita a un viaje de recuerdo para rehabilitar dinámicas; proponer posibilidades al momento presente; actualizar herramientas que alguna vez nos apoyaron en este juego, pero ya no. Es la comprensión de que el “yo” que sufre y el “nosotrxs” que colapsa no están separadxs.

La liberación no es individual; es

¿A dónde vamos a parar?

Si de por sí estamos en la etapa final de esta película, busquemos que sea algo más como Perfect Days, no como Kill Bill.

Dejemos de usar “ve a terapia” como un arma. Reconozcámoslo por lo que es a menudo: un acto de cansancio, desesperación y de impotencia ante el sufrimiento de quien tenemos enfrente, una agonía que nos refleja la nuestra.

Así como cuando vemos reflejada nuestra alegría en alguien y le invitamos a un planazo, ¿por qué no lo haríamos en su aparente polaridad?

La verdadera revolución comienza cuando cambiamos el “ve a terapia” por un “¿Cómo podemos sostener esto juntxs?“. Y si no podemos, ¿qué otras posibilidades hay? ¿Con quiénes podemos apoyarnos?

Cuando entendemos que la cura, si es que esa palabra tiene sentido o lugar, no está en aislar a lxs “enfermxs”, sino en tejer una ecología del cuidado (interdependencia) donde el grito tenga su espacio y no se ahogue; donde el agotamiento sea una señal colectiva y la locura sea escuchada como un mensaje cifrado de un mundo que, en efecto, se ha vuelto loco.

Somos un entretramado que ha perdido su centro.

La próxima vez que sientas la tentación de mandar a alguien a terapia, pregúntate: ¿Estoy enviando a la guerra a una persona herida para que repare en soledad lo que la batalla colectiva bombardeó? ¿O tengo el valor de quedarme en la mierda con ella, y reconocer que su herida también habla de las mías?

Si crees que alguien se está ahogando en un vaso de agua, antes de señalarle como drama queen, mandarle a terapia y darte la media vuelta, recuerda que se está ahogando en primer lugar.

Respirar, no solo para sobrevivir, sino para celebrarlo.

Juntxs.

Porque no solo es “sanar y sanar”, limpiar y limpiar. Sino decorar, festejar. Pasarla cul.
Te recomiendo esta lectura de mi gran amiga Patrice.

¿Y tú qué opinas? Me encantaría leerte en comentarios o en mis perfiles de redes sociales 🙂 (o el Telegram).

Comparte estas tremendas letras si te han mandado a terapia como insulto o si eres quien busca una orgía culinaria y estás invitando a co-crearla; total nadie se enterará de cuál es tu caso:

Acerca de mí

Creadorx de experiencias at  ~ gemido@besuqueable.com ~ Web ~  More Posts

Quizás no soy lo que esperas, pero sí el tantra que necesitas. Las palabras quedan cortas para el caos delicioso e irreverente que encarno. Disfruto mucho bailar, el sexo anal y el arte que escuece. Soy ese suspiro profundo que das antes de decir "a la mierda, lo voy a hacer". Soy un antes y un después sagiescorpiano, así que mejor intuye muy bien si deseas acercarte aún más. ¿Qué más da? Ya nos encontramos. Besuquéate conmigo.

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